jueves, 5 de octubre de 2017

Acta del Jurado del XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2017



ACTA DEL JURADO DEL XV CERTAMEN INTERNACIONAL DE MICROCUENTO FANTÁSTICO miNatura 2017

Reunidos los votos del Jurado del XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2017, formado por: 
Manel Aljama (Narrador)
Elaine Vilar Madruga (Narradora y poeta)
José Miguel Sánchez “Yoss” (Narrador)
Carmen Rosa Signes U. (Narrador, ensayista, conferenciante)
Ricardo Acevedo Esplugas (Poeta y narrador)

Tras la lectura de los 190 cuentos, que provenientes de diferentes nacionalidades, a saber:

29 argentinos
1 boliviano
4 chilenos
16 colombianos
1 colombiano-español
1 costarricense
9 cubanos
1 cubano-español
1 ecuatoriano
1 estadounidense
1 estadounidense-argentino
82 españoles
2 guatemaltecos
1 italiano
1 macedonio
21 mexicano
1 nicaragüense
1 paraguayos
4 peruanos
1 portugués
1 puertorriqueño
1 salvadoreño
5 uruguayos
4 venezolanos

La Organización quiere agradecer la dedicación, un año más, del jurado que se esfuerza siempre en resaltar con sus votos a los mejores textos. En esta ocasión se ha tenido muy en cuenta el adecuado uso de nuestro idioma común: ortografía, gramática y sintaxis.
El jurado del XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2017 proclama como ganador al cuento:
AMOR PUTREFACTO. Seudónimo: Harmunah. Autora: Cristina Martínez Carou       (España)
En palabras del director de la revista miNatura y miembro del jurado Ricardo Acevedo Esplugas: Amor putrefacto de Cristina Martínez Carou (finalista ya del  segundo Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura 2010) es una valiente propuesta de amor que sobrepasa al fantástico dándole al subgénero de zombies, siempre maltratado y falto en la mayoría de las ocasiones  de sensibilidad, un matiz más próximos a los conflictos del siglo XXI

El jurado destaca como finalistas los siguientes textos (la ordenación no implica puesto clasificatorio alguno debido a que los nombres de los autores aparecen por riguroso orden alfabético):
LOS GRILLETES. Seudónimo: Miguel Lora. Autor: Guillermo Arturo Borao Navarro (España)
LLANTO DE SIRENAS EN EL ESPACIO. Seudónimo: Vincent Midgar Autor: Cipriano Boris Cáceres Mestre (España)
LAS MANOS DEL DOCTOR ORTIZ.  Seudónimo: Augusto Castell.  Autor; Juan Alberto Dávila Ramírez (Colombia)
IMAGINE.  Seudónimo: El otro Beatle l. Autor: Xuan Folguera (España)
NALÚ. Seudónimo: Walmares. Autor: Sergio López Vidal (España)
PLAN B. Seudónimo: Magopitágoras. Autor: Francisco José Plana Estruch (España)
VISITA. Seudónimo: Dew 21. Autor: Rocío Ravera (Uruguay)
EL CAZADOR DE DRAGONES. Seudónimo: Huma. Autor: D Pablo Eugenio y José Rodríguez Vázquez (España)
PETER PAN. Seudónimo:   Bellatrix. Autor: Beatriz T. Sánchez (España)

En breve verá la luz el dossier especial de la Revista Digital miNatura dedicado al XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2018 (Revista Digital miNatura 158) en el que se podrán leer tanto el cuento ganador como los finalistas, todos ellos recibirán por correo electrónico, diploma acreditativo de su participación en el certamen.
Todos aquellos trabajos que no han sido seleccionados por el jurado serán destruidos, de forma que, en los próximos días, desaparecerán del blog quedando tan sólo en él el cuento ganador y demás textos destacados en esta edición del certamen, tal y como viene dispuesto en las bases del mismo.
Nuestro más sincero agradecimiento a los participantes. Os esperamos el año próximo en la edición número 16 de este certamen. Gracias a todos.
Ricardo Acevedo Esplugas
Carmen Rosa Signes U.
Directores de la Revista Digital miNatura
San Juan de Moró a 5 de octubre de 2017


martes, 1 de agosto de 2017

AVISO CONCURSANTES


Con la publicación de los últimos cuentos recibidos correctamente al certamen, finaliza la fase de recepción de originales. Ahora le toca al jurado dictaminar su fallo que se dará a conocer el día 5 de octubre de 2017.
Gracias y suerte a todos.

Los organizadores

188. AMOR PUTREFACTO. De Harmunah


Ernest retiró las escasas pertenencias del cadáver. Miró a su alrededor antes de guardarse la paga extra en su bolsa, más por costumbre que porque temiese que lo descubrieran. Era de los pocos que aún se atrevía a estar en contacto con los muertos. Desde que estos habían comenzado a levantarse y a comerse a sus familiares y amigos en pleno velatorio, los forenses y enterradores escaseaban.
El ataúd desapareció en el horno crematorio. Otro que no regresaría. La plaga había sido casi erradicada, pero la incineración aún era la forma más eficaz de controlar el pánico.
Anochecía cuando salió al exterior. Nadie se acercó a él en el bus, como si intuyesen a qué se dedicaba, o su aspecto fuese un reflejo de sus pensamientos.
La irritación se esfumó en cuanto entró en su piso, donde Ángel lo esperaba recostado en el sofá. El batín medio abierto mostraba infinitos centímetros de piel pálida.
―¿Ya has vuelto? ―El joven esbozó una sonrisa lánguida y abrió sus brazos para él. No huyó cuando Ernest se inclinó sobre su cuerpo esbelto, ni se apartó mientras besaba sus cabellos, sus párpados, sus dedos. Amó con toda la intensidad de su pasión a aquella criatura hermosa, y el éxtasis le hizo olvidar el resto de su penosa vida.
Minutos después Ángel se sentó a horcajadas sobre él, complaciente.
―¿Lo he hecho bien?  ―Esperó a que Ernest asintiese―. ¿Y mi premio?
El hombre señaló la bolsa del suelo, y contempló al joven gatear hasta ella y extraer su contenido con movimientos ansiosos, con sus hambrientos ojos inyectados en sangre. Hincó los dientes en la mano amputada, devorando carne y hueso con fruición.
Un breve escalofrío recordó a Ernest la noche en la que había robado el cuerpo de Ángel del crematorio. ¿Cómo podía destruir algo tan bello? ¿Cómo condenarlo tras regresar a la vida, si era el único que lo miraba sin repulsión? Que lo hacía sentir amado.
La expresión extasiada de su amante lo colmó de paz. Era anormal y repulsivo, pensó mientras lo abrazaba. Que fuese incapaz de renunciar a ese, su amor putrefacto.

Seudónimo: Harmunah

lunes, 31 de julio de 2017

183. LAS MANOS DEL DOCTOR ORTIZ. De Augusto Castell


La forma del pequeño bulto parecía más cercana a una bolsa llena con lentejas que a un quiste sebáceo, por lo que supuse que, si apretaba un poco más, no podría saber lo que saldría de mi abdomen. Aun así, mi naturaleza precavida no me permitió averiguarlo. Preferí salir directamente de mi casa a la avenida Orquídeas donde hasta altas horas de la noche atiende el doctor Ortiz, experto en cada uno de los quebrantos de salud que he sufrido a lo largo de mis treinta y dos años de vida.
Las manos del doctor Ortiz parecen guardarse en un refrigerador industrial. Lo noté por última vez hace dos semanas, cuando me aplicó su terapia de inyecciones y lavativas. Frías manos de muerto. El tipo de galeno adecuado para mí. Un hombre carente de toda capacidad de sorpresa, casi de toda emoción. Como si ya supiera la razón de mi dolencia. Ni siquiera al ver mi abdomen deformado por esta masa creciente cambió la conformación básica de su rostro: un tipo que podría pasar por antipático.
Esta vez, de manera irregular, empezó por registrar mi dolencia. Ni siquiera pude explicar que todo empezó anoche con un pequeño lunar y que, a esa hora, ya medía más de veinte centímetros. Parecía entenderlo todo a través de sus dedos árticos. En sus movimientos podía notar prisa y aumentaba mi ansiedad.
Fórceps, pinzas y tijeras esperaban en la mesa adecuadamente organizada. Se decantó por la última opción, posiblemente la más dolorosa. No usó anestesia. No tuve tiempo de gritar cuando, entre mi piel, surgía una abertura que, más que dolorosa, parecía curar la presión continua que había empezado a sentir. Por fin mi vientre estaba libre para dejar surgir el pus. El doctor Ortiz abrió con fórceps el bulto y de ahí empezaron a salir, entre cosquilleos y sangre, pequeñas piedrecillas con patas, arácnidos desesperados por moverse fuera de mi cuerpo y que eran agarrados y devorados en grandes bocados por el doctor. Dentro de mí ya no quedaban órganos libres de la plaga. Sus ojos, trastornados, miraban dentro de mí, su incubadora. 

Seudónimo: Augusto Castell

182. EL CAZADOR DE DRAGONES. De Huma


El cazador de dragones no avisa; actúa. El cazador de dragones no hace ruido; está. El cazador de dragones es alto y fuerte, y lleva consigo una armadura del color del sol de la tarde y tan brillante como la espuma de la mar. El cazador de dragones oyó en el reino de Lorenath que había dos dragones gemelos en el Valle Verde y no dudó en ir en su busca. El primero fue fácil: dormido sobre las rocas grises al borde del río, con la cabeza entre sus patas como amante soñador, no fue problema apuñalar su cabeza y manchar el otrora dulce río con la sangre de la colosal bestia indefensa. El cazador de dragones es salvaje y no tiene piedad. El segundo fue complejo: en lo alto del monte, como estatua sobre poderoso pedestal, desplegaba sus alas el monstruoso ser del abismo. Escupía fuego recordando a su hermano y al inhumano caballero que atacó a su otro ser. El cazador de dragones no duda; enfrenta. Porque una bestia huele a otra bestia supo girar su enorme pescuezo a tiempo y comprobar que el guerrero aparecía con descomunal lanza en su diestra. Burlado, el cazador maldijo al dragón, que volaba huyendo de aquél a quien no había provocado y de aquél a quien no había atacado. "Dime, ¡oh, humano!", pronunció mentalmente el alado reptil con su voz infernal, "¿Acaso por ser así debemos ser castigados? ¿Eres acaso tú el Juez Supremo, creador del Universo, que puede y debe hacerlo? Humíllate por tu falta de humildad". "Sólo diré esto: bestia eres y buen botín sacaré por tu pellejo duro y frío", contestó su rival. "Sea". Y el dragón gritó con alarido espantoso e hizo arder la armadura del cazador con el mayor de sus hechizos, derritiéndola poco a poco como un soberbio reinado o como nieve en primavera. El cazador de dragones es humano; puede fallar y perecer.

Seudónimo: Huma

domingo, 30 de julio de 2017

159. LLANTO DE SIRENAS EN EL ESPACIO. De Vincent Midgar


-Pequeña… hoy vas a matarme, y no pasa nada. No es nada malo.
La niña lo escuchaba, aunque no quisiera, pues el silencio gritaba por encima de las palabras y la asustaba. Las paredes de piedra rezumaban humedad y tristeza.
-Pero… yo… no… no quiero, Servant…
Servant parecía un anciano: las minas de asteroides habían hecho que sus huesos sufrieran la artrosis típica de la falta de gravedad. Su pelo, blanco por las duchas estériles, y su piel, curtida por los rayos uva sin filtrar, le daban un aspecto de 80 años cuando apenas tenía 50. Joven para morir, demasiado joven quizás…
La niña se apretó contra su pecho, aterrada, y aquello ayudó de alguna extraña forma.
-No podemos seguir esperando, pequeña -susurró Servant, con fría determinación- son cinco ciclos ya: no tardará mucho en tragarse al sistema solar.
El agujero de dolor flotaba en el centro de la habitación, junto al cadáver momificado de una niña. Un remolino negro rezumando luminiscencia morada. Sucio y extraño. Su resplandor fluctuaba y las sombras mostraran tentáculos, ojos… y cosas aún peores.
La niña lloraba ya en silencio. El cuchillo temblaba entre sus diminutos dedos. No tenía nombre, había nacido de una probeta: un homúnculo capaz de sentir la tristeza infinita que podía cerrar el agujero, capaz de vivir milenios.
-Por favor… no… no me hagas hacerlo… -Dudó un segundo. Nunca lo había dicho, pero en aquel momento lo necesitaba- no me hagas hacerlo… padre.
El hombre sonrió y agarró con ternura las manitas de la niña. Luego empujó lentamente el cuchillo a través de una de sus cuencas oculares.
El grito desgarrador de aquella niña, preñado de una desesperación inconcebible, anunció dos mil años más de tregua con aquellos horrores antediluvianos. Nadie lo escuchó, sin embargo: las naves espaciales tenían mucho cuidado de huir lejos de aquel asteroide, todos sabían que allí lloraban sirenas capaces de volver locos a los hombres.

Seudónimo: Vincent Midgar

martes, 25 de julio de 2017

127. PETER PAN. De Bellatrix


Los sueños comenzaron de repente. En la noche le instruían.
Al principio no entendía. Después se acostumbró a su presencia, tanto, que de día echaba de menos sus voces en la noche. Aquellos maestros y amigos invisibles eran mejores que los de la guardería. No le regañaban, no le dejaban de lado...
Les preguntó por qué no se presentaban.
Le susurraron que mamá y papá eran un obstáculo. Debía ahuyentarlos. Le felicitaron por su audacia cuando les mostró el mechero que había hurtado.
El incendio empezó en la noche.

Seudónimo: Bellatrix

martes, 18 de julio de 2017

103. VISITA. De Dew 21


Ya no dejan poner floreros con agua. Es por el dengue, dicen.
De pequeña, solíamos venir con mis hermanas a jugar entre las tumbas.
El olor a flores mustias al entrar al cementerio era parte de un ritual que empezaba con el orgulloso mármol de las capillas de las familias fundadoras del pueblo y terminaba a ras del suelo con blancas cruces.
Buscábamos el muerto más joven, el más viejo, el más feo. Pasando la capilla central nos reconocíamos en las fotos familiares: las mismas cejas pobladas, los ojos penetrantes pero sonrientes.
La muerte entonces era visita de domingo y aroma dulzón.
Deslizo distraídamente los dedos por las lápidas y un ruido extraño me sobresalta. Al darme vuelta veo a una anciana encorvarse sobre la tumba de su esposo.
Pero que tonta soy. No debo inquietarme. Siempre sé cuando han llegado.
Me asomo de puntillas y por encima del muro los veo. Me aliso el pelo y aprieto  mis manos sobre los pliegues del vestidito blanco.
Estoy preparada. Aquí los espero.
Donde mi muerte es sol de invierno.
Seudónimo Dew 21


jueves, 22 de junio de 2017

43. NALÚ. De Walmares


Yo era un párvulo morocho, miope de pies planos, peinado con raya en medio y el mechón rebelde de la frente sujeto con maternal saliva y pulso diestro. Ana Luisa, Nalú, era desde la cuna un agravio a la belleza, física y espiritual, de todo cuanto recababa a su lado, por inconsciencia o accidente, enfrentado a la comparativa que era una batalla perdida de antemano; de bebé repollo enrabietó a las otras madres, de niñita con pollera y trenzas soliviantó a sus compañeras y amargó el esperanzador divorcio a una maestra cuarentona;de universitaria con chaqueta de lana y puño en alto repercutió con mayor firmeza en las atolondradas mentes de los muchachos revolucionarios que las consignas que les marcaban sus líderes desde los libros rojos o las verdes selvas.
Para mí, era como la luna. Dicen que se formó de nuestro mismo planeta, que no es ajena. Que no hay misterio en su cara oculta. ¡Qué sé yo! Pero desde que el hombre es hombre, y la mujer es mujer, nos han fascinado, la mujer y la luna, digo, con igual entusiasmo.
En fin, algo deberían de tener, Nalú y la luna, que me tuvieron arrebatado una vida entera, y todavía me estremezco con el recuerdo de verlas surgir, a ambas, por el extremo del malecón al caer la tarde; conservo nítido el recuerdo de sus colmillos sedosos desgarrándome la yugular aún palpitante. Nalú libando de mi sangre como de una amapola, y yo observando la luna enquistada en el tul del cielo.

Seudónimo: Walmares

viernes, 9 de junio de 2017

29. LOS GRILLETES. De Miguel Lora


Mamá vino con el vaso de agua que le había pedido. Me cubrió con la sábana hasta el cuello, me dio un beso en la frente y bajó la persiana del dormitorio para que no entrara la luz. Cuando nos quedamos a oscuras, volvió a mi cama y me dejó la estaca debajo del almohadón. Y me dijo: "Si me acerco, ya sabes qué hacer".
Entonces oí cómo se alejaba hacia el fondo, se colocaba los grilletes y tragaba el somnífero.
-Hasta mañana, mamá.
-Te quiero, hijo. Que descanses.
Antes de quedarme dormido, me aseguré de que tenía el arma a mano. En las últimas noches, la pastilla había tardado en hacer efecto y la grieta de la pared no soportaría más tirones. Mamá también tenía mucha sed cuando se acostaba, pero nunca pudimos beber del mismo vaso.
Seudónimo: Miguel Lora